Atarnos los cordones

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María José Martínez LirolaBióloga. 

Consultora sanidad ambiental.

ATARNOS LOS CORDONES,

pero bien atados.

A veces imagino que pierdo el norte y que los cargos políticos en la estructura organizativa no me representan.

No me cabe la menor duda de que Podemos trabaja al servicio de las mayorías sociales excluidas, oprimidas y vejadas por el denigrante sistema político-económico en el que han caído nuestras “democracias del mundo civilizado”.

También estoy convencida de que en Podemos, las personas que nos consideramos dañadas, directa o indirectamente por esas políticas, somos quienes deberíamos imponer la línea de trabajo a esas otras que, con un sentido de la honestidad y una responsabilidad social encomiables asumen, transitoria y servilmente, los cargos orgánicos o institucionales de Podemos para defender los derechos y aspiraciones de las que, sin duda como ellas, sufrimos, nos sentimos indignadas e, individualmente, impotentes.

Estoy plenamente convencida de que delegar la difícil tarea ejecutiva en los “cargos orgánicos” sería de una comodidad imperdonable. Imagino y detecto que solos no pueden, que nos les basta con el voto. Necesitan permanentemente a su lado el apoyo de “su gente”, como el “tutor” que guía y soporta al árbol débil.

La mayoría de nuestros “cargos” no son profesionales de la política, ni del derecho, ni de la economía, y muchas veces… ni de nada. Y además la tarea por hacer es tan grande que, por muy capaces que sean, no podrían abarcarla, si no cuentan a su lado con nuestro apoyo y nuestro trabajo. Solos o solas, difícilmente podrán defender airosamente nuestro reclamo.

Imagino que mañana podría ser yo quien estuviera en su pellejo. Me aterrorizo.

No cabe en mi cabeza, ni lo pienso siquiera, que ninguna de estas personas pueda haber accedido a estos cargos con mala fe, o atendiendo a intereses particulares ajenos al servicio a la sociedad tan injustamente humillada, expoliada y amordazada. Por eso, todas y cada una de las personas que han tenido la valentía de coger las riendas, tienen todo mi respeto y me reconozco sinceramente ante ellas como una fiel aliada.

Dicho esto, y por eso mismo, porque no son (y no somos) profesionales de la política, es muy importante que nuestra estructura organizativa disponga de un mecanismo de apoyo, enriquecimiento y consulta constante y permanente a “su gente”, a su soporte, a “sus bases”.

Cualquier decisión que sea avalada por muchas mentes siempre va ser mejor, que una decisión tomada de forma unilateral, por una persona (o por dos o tres), por muchos votos que lleven a sus espaldas. Además, el peso de una decisión equivocada tomada por varias personas se diluye y se hace más llevadero.

Por otra parte, está demostrado que frecuentemente cuando no hay un responsable último de una tarea, la tarea acaba no ejecutándose. Quizás por eso Imagino que, en aras de la eficiencia, lo suyo es repartir responsabilidades con tareas muy concretas. Al ser muchos, y todos responsables de algo, de una u otra manera, todos seríamos copartícipes y sentiríamos que realmente el proyecto es nuestro. No habría arriba ni abajo, ni palcos ni plateas. Cada responsabilidad es importante y todos contamos con todos para poder sacar nuestra parte adelante. En este entramado de pequeñas responsabilidades para realizar pequeñas tareas hacen falta coordinadores, enlaces, gente con cierta capacidad organizativa (innata o adquirida) pero sobre todo, gente con tesón, mucho tesón, ilusión y buen talante.

Pero este engranaje participativo, no siempre es posible si no se tienen la infraestructura y la organización puestas a punto. Es cierto que no estamos dotados aún de mecanismos rápidos de consulta suficientemente fiables, que tampoco partimos de una trayectoria histórica habituada a tanta consulta y que muchas veces carecemos del espíritu crítico y de la formación necesarios para avalar con nuestro criterio grandes decisiones. Pero lo que si tenemos casi tod@s es un “juicio de sentimiento”, que es al que apelamos y al que debe responder nuestra política.

Como sociedad, no aspiramos a la justicia incuestionable, ni al bien supremo, ni a la belleza, ni al mal encarnizado, ni a la perfección suprema. Esos son conceptos subjetivos. Aspiramos a sentirnos “razonablemente felices”, a satisfacer nuestras necesidades básicas con cierta dignidad.

Solo queremos poder tener metas alcanzables, comer todos los días, compartir situaciones y espacios agradables, crecer intelectualmente y ver crecer a nuestra prole con perspectivas halagüeñas, no palpar sufrimiento a cada paso, sentirnos incluidos, útiles y queridos y… ¡que sé yo que más! Estas aspiraciones universales son las que queremos que no se queden en deseos imaginables, sino que se traduzcan en derechos reales. ¿Es realmente tan difícil que cosas tan sencillas cueste tanto conseguirlas?.

De estas cosas, sí entendemos todas las personas. Por eso no hace falta ser un genio para tomar decisiones o ayudar a tomarlas, por eso, queremos formar parte de nuestra estructura de forma permanente. No queremos consultas extraordinarias cada año, ni realizar debates infértiles, ni trabajos improductivos, ni enviar nuestras decisiones colectivas a oídos sordos. Queremos sentirnos escuchados, representados y sentirnos presentes y determinantes de nuestro futuro. No queremos que nadie nos salve queremos ser protagonistas de nuestro destino.

En este mar de buenas intenciones, no hay que ser ingenuamente confiad@s. Las recientes experiencias en la política española, justificadamente, nos invita a estar permanentemente en estado de alerta frente a la corrupción. Este problema es relativamente fácil de esquivar si nadie tiene poder suficiente como para “distorsionar la estructura”. Por esto, no tenemos más remedio que atomizar las responsabilidades y distribuirlas estableciendo unos mecanismos de coordinación sumamente eficaces y que no se pierdan en la burocracia. Es responsabilidad de tod@s tomar nuestra pequeña parte de las riendas.

Otro riesgo que tenemos que prevenir es la pérdida del horizonte al sumergirnos en tareas cotidianas. Por eso, y solo por eso, es imprescindible escuchar a las voces críticas, que deben sonar como alarma de incendio en una fábrica de pólvora. Estas voces son imprescindibles porque suelen marcar líneas rojas. También requieren una valentía y un espíritu analizador que merece el mayor de mis respetos y mi aplauso.

El consenso, las decisiones meditadas y el apoyo mutuo debe primar en esta democracia horizontal, plural y transparente que imaginamos posible.

Vamos a atarnos los cordones, pero bien fuertes, para que este proceso interno de construcción del Podemos que necesitamos, que queremos y que, quijotescamente, IMAGINAmos, llegue a buen término.

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Fdo. María José Martínez Lirola.

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